Santa Eduviges, duquesa de Silesia
Martes, 16 Octubre 2018, 05:00 - 23:00
Accesos : 410
por Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
duquesa de Silesia, 1174 - l243

Apenas doce años tenía Eduviges, hija del conde Bertoldo IV de Andechs, cuando se fue a caballo con algunos nobles polacos a un país desconocido y con un futuro incierto. A esa temprana edad ya estaba comprometida para casarse con el joven príncipe Enrique de Silesia y de Polonia.
Con cada kilómetro que Eduviges cabalgaba hacia el este, más perdía la protección de la casa paterna. Una sola cosa se llevó de la vieja tierra natal y esa quedó sobre ella, inalterable como el sol y brillante como el cielo nocturno lleno de estrellas: la fe.
A los trece años se veía colocada en un país cuyo idioma tenía que aprender con esfuerzos para poderse entender con alguien, asustada por las olas de la pasión política desenfrenada.
SANTA EDUVIGES, duquesa de Silesia, 1174 - l243 Atormentada y afligida por la pobreza y el atraso de los campesinos y de los siervos, cuya princesa ella sería el día de mañana, todo le era casi insoportable. Enrique, su esposo, la amaba y dejó que ella ejerciera su misericordia con los más necesitados.
Cuando su esposo subió al trono, ella llegó a ser soberana de Silesia y Polonia, y aprendió a amar cada vez más a su nueva patria.
Hizo más humano el trabajo de los siervos; consiguió ropa para lo presos, que vivían devorados por los insectos; recogió a los huérfanos; cuidó a los leprosos; donó alimentos a los peregrinos; logró libertad para los condenados. Por todo esto, a donde quiera que iba la rodeaba una multitud de menesterosos.
Lo que ella hizo por Silesia y Polonia, debe ser recordado para siempre. A través de su obra el pobre pueblo esclavizado llegó a comprender que, aparte del trabajo diario al servicio de una pequeña clase alta, existía también un mundo más claro, más bonito de cristianismo vivido, donde no había ningún abismo entre las clases sociales. En las plazas del mercado surgieron hospitales y conventos. Iglesias de piedra invitaron al pueblo al culto divino. Monjes y monjas alemanes, llamados por Eduviges, introdujeron en el país formas nuevas más eficaces de agricultura y de ganadería. Para la fundación del convento de Trebnitz sacrificó Eduviges su dote completa.
Patrocinó en todo lo posible las órdenes mendicantes, recién surgidas. Se vistió sencilla-mente, como una monja y después del nacimiento de su séptimo hijo, vivió íntimamente conectada con las religiosas cistercienses en Trebnitz y se alegró profundamente cuando su hija Gertrudis hizo sus votos allí.
Su fe ejemplar y humilde fue probada duramente. Dios la hizo pasar por una secuela de sufrimientos.
El hijo de Eduviges, Conrado, se sublevó en contra de sus padres y de su hermano y murió por accidente en una cacería. Su esposo Enrique fue excomulgado a causa de una violación del derecho de la iglesia de Gnesen y murió sin que Eduviges pudiera estar presente en su última hora. Enrique, joven sucesor de su padre fue herido mortalmente durante la batalla contra los tártaros invasores, cerca de Wahlstadt en 1241. Durante la noche caminó Eduviges, junto con su cuñada, a través del atroz campo de batalla cerca de Legnica y recogió llorando el cadáver mutilado.
Cuando ocurrieron estos acontecimientos, Eduviges era ya viuda y, en tal estado, consagró el resto de su vida exclusivamente a Dios, entrando en la abadía de Trzebnica, por ella funda-da. Allí terminó su santa vida en 1243. Su canonización tuvo lugar en 1267. Esa fecha es muy próxima a la canonización, en 1253, de san Estanislao, el santo a quien la Iglesia de Polonia venera como patrono principal desde hace siglos.

ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que en santa Eduviges concediste a los pobres y necesitados una poderosa abogada aquí en la tierra, concédenos, por su intercesión, estar dispuestos siempre a ayudar a quien lo necesite. Por nuestro Señor Jesucristo... Amén.

"Deseo, como primer Papa hijo de la nación polaca, hasta hace poco sucesor de san Estanislao en la sede de Cracovia y ahora elevado a la Cátedra de san Pedro precisamente el día de santa Eduviges, enviar a su santuario de Trzebnica este mi recuerdo que marca una ulterior etapa en la plurisecular historia en la que todos participamos". Palabras del papa Juan Pablo II, en su homilía a los peregrinos de Silesia, 5 de junio de 1979, en el Santuario de Jasna Gora.