San Lucas Evangelista
Jueves, 18 Octubre 2018, 04:00 - 23:00
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Griego por la cultura, Lucas escribió el Evangelio que lleva su nombre. Procedente de Antioquía de Siria, médico de profesión y compañero inseparable del apóstol san Pablo, es el reflejo del espíritu helénico en la revelación del suceso más conmovedor del mundo si se observa, confrontándolo con los otros Evangelios, escritos por judíos que ante todo describen la obra de salvación de Jesús a la luz de las vivencias propias.
No está aclarado si Lucas conoció personalmente al Señor y perteneció al grupo de sus discípulos, pero sí tuvo la ventaja inestimable de ser, durante 17 años, el colaborador más estrecho y de confianza de Pablo, el apóstol que quizá mejor se interiorizó en la doctrina de Cristo y la esencia de la salvación.
Es posible que Lucas haya recibido algunos datos de María, la madre de Jesús. Al médico de corazón bondadoso y lleno de compasión, le impresionó el SAN LUCAS, evangelistaHijo del hombre como salvador de enfermos y pecadores, como gran amigo del hombre, como taumaturgo y como bienhechor.
En vista de los acontecimientos, no le importaba mucho fijar exactamente la fecha y el lugar, sino que quiso ofrecer a la humanidad un cuadro lo más impresionante posible del Espíritu y del sacerdocio de Jesús. En ello empeñó todo su arte; la lengua culta de un griego fue la herramienta de su entusiasta convicción.
Si san Pablo lo consideró digno de participar en su agotadora labor misionera, tuvo necesariamente que sobresalir. De hecho, Lucas, como médico no sólo siguió a su maestro para cui-dar a los enfermos, sino que cooperó activamente cuando se trataba de conquistar para el único Señor, muerto y resucitado, a las comunidades reacias de judíos de la dispersión, lo mismo que a los paganos de las grandes ciudades, asiduos devotos de los dioses. Compartió con el apóstol de los gentiles las fatigas, los peligros y los malos tratos; sanó, como Pablo, a los enfermos invocando al Espíritu Santo, recibió honrosos regalos o fue expulsado con afrentas y oprobio.
También acompañó a san Pablo en la prisión; fue el único de todos los amigos y discípulos que se quedó con él hasta su muerte. Con agradecimiento melancólico, san Pablo recordó en sus cartas su lealtad y su espíritu de sacrificio.
Más grande aún debe ser nuestra gratitud para ese hombre que fue el único que nos legó la historia de la joven Iglesia después de la ascensión del Señor, en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Humildemente calla todo lo suyo; no quiso dar la impresión de contarse entre los elegidos.
Según la tradición, después de la ejecución de San Pablo y de haber escrito sus dos obras, predicó en Acaya. Con seguridad vivía en el año 70 cuando se esperaba el fin del mundo y la venida de Cristo para el juicio final.
El año 357 las reliquias del evangelista fueron llevadas de Tebas, en Boecia, a Constantinopla. Ya antes los médicos lo habían elegido como su patrono especial.
En la oración litúrgica de la Iglesia, las personas consagradas a Dios rezan diariamente el "Benedictus" (cántico de Zacarías) y el "Magníficat" (cántico de la Virgen María), de los tex-tos sagrados que nos transmitió por inspiración del Espíritu Santo. Para todos los fieles uno de sus textos más preciosos es el Evangelio de Navidad, el anuncio de la "buena nueva", que comunicó el evangelista a todo el pueblo (Lc 2, 10).

ORACIÓN COLECTA
Señor, tú que elegiste a San Lucas para revelar al mundo, mediante su predicación y su Evangelio, el misterio de tu predilección por los pobres, haz que todos los que hemos recibido de ti la gracia de conocerte, unidos por un profundo espíritu de fraternidad, demos al mundo testimonio claro de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo... Amén.

"Querido san Lucas:
Me has sido siempre muy grato, por ser tan dulce y conciliador. En tu Evangelio subrayas que Cristo es infinitamente bueno; que los pecadores son objeto de un amor particular por par-te de Dios, y que Jesús, casi ostentosamente, se sentó a comer con aquellos que no gozaban en el mundo de consideración alguna.
Eres el único que nos ofrece el relato del nacimiento e infancia de Cristo, cuya lectura es-cucharnos siempre con renovada emoción en Navidad. Hay, sobre todo, una frase tuya que me llama la atención: 'Envuelto en pañales fue reclinado en un pesebre'. Esta frase ha dado origen a todos los belenes del mundo y a miles de cuadros preciosos. Y a ella añado yo esta estrofa del Breviario: Ha aceptado yacer sobre el heno, no ha tenido miedo del pesebre, se alimentó con poca leche, aquel que sacia el hambre del último pajarillo. Hecho esto, me pregunto: Si Cristo se ha colocado en ese puesto tan humilde, ¿qué lugar debemos escoger nosotros? Déjame dar la respuesta que le hallo a esta pregunta". Juan Pablo I. "Ilustrísimos Señores".